Tipos de piel

Desde hace muchos años existen una gran variedad de clasificaciones de piel en función de sus características y estados, vamos a partir de la base de que una piel puede ser grasa, seca o mixta.

PIEL GRASA

Es una piel en la que hay un desequilibrio porque la producción de grasa es mayor. Esto se produce por diversos motivos: factores genéticos, desequilibrios hormonales o alteraciones producidas por el mal uso de cosméticos. En estas pieles solemos encontrar una piel gruesa con los poros más abiertos, brillos en la “Zona T” (frente, nariz y barbilla) y puede aparecer algún granito o tendencia acnéica.  

Lo más importante en este tipo de piel es determinar cuál es el origen que provoca el exceso de sebo para poder tratarlo. Os parecerá extraño, pero curiosamente el uso de aceites (que no sean minerales) ayudará a conseguir que la piel no se deshidrate, ya que es frecuente evitar el uso de productos hidratantes en estas pieles por miedo a que aporten más sensación grasa. Es fundamental realizar una buena higiene de la piel mañana y noche con limpiadores que ayuden a regular la secreción sebácea y evitar obstruir los folículos; el uso de texturas ligeras con activos sebo reguladores que ayuden a mantener la piel hidratada y equilibrada serán grandes liados.

PIEL SECA

En la piel seca, sucede todo lo contrario, se produce un descenso en la producción de lípidos, sobre todo de ceramidas. Estos lípidos forman la función barrera, forman una capa que nos aísla y nos protege del exterior; evita la pérdida de agua manteniendo la piel hidratada y contribuye a defendernos de la entrada de patógenos. Si se produce una alteración en la función barrera, que es lo que sucede en estas pieles, se vuelven más permeables y vulnerables a las agresiones diarias a las que nos exponemos (radiación solar, frío, contaminación, etc.) provocando alteraciones cutáneas como sensación de tirantez, irritación, rojeces y descamación. Las líneas de expresión suelen ser muy visibles en estas pieles y los poros se aprecian pequeños. 

En estas pieles, el tratamiento ha de centrase sobre todo en recuperar la función barrera aportando productos ricos en lípidos, ahora entenderéis por qué está tan de moda últimamente el uso de ceramidas. Conviene evitar las limpiadoras con jabón y tener cuidado con la exposición solar. 

PIEL MIXTA

Las pieles mixtas son las más frecuentes por una explicación biológica: en la “Zona T” (frente, nariz y barbilla) se encuentran más glándulas sebáceas que en el resto del rostro, por lo que prácticamente todos a lo largo de nuestra vida tendremos la piel mixta en algún momento. Son más complicadas de tratar porque lo que le conviene a una zona, no es lo más apropiado para la otra. En la zona T suele aparecer algún brillo a lo largo del día, los poros suelen estar marcados y puede aparecer alguna imperfección. Las mejillas suelen ser normales o secas y en general suele ser una piel equilibrada. El tratamiento de estas pieles será una buena limpieza, evitar tónicos muy astringentes y el uso de texturas ligeras que equilibren la piel.

Tras estas breves pinceladas, os diré que a mí no gusta hablar de tipos de piel, entiendo la piel como un equilibrio entre agua y grasa, cuando alguno de estos factores se altera, debemos tratarlo para recuperar el equilibrio y conseguir que la piel está sana, hidratada y bonita.

La piel es el órgano más extenso de nuestro cuerpo y va cambiando a lo largo de los años, las estaciones en las que vivamos, el clima de la ciudad en la que estemos, la situación emocional (falta de sueño, estrés), etc... Por todos estos motivos, suelo decir que "la piel no es", si no que "la piel está" y debemos tratarla en función de su estado y de las necesidades que necesitemos tratar en cada momento. De ahí, que sea necesario ir adaptando la rutina facial en cada momento en el que notemos algún cambio en ella o cuando percibamos que no está equilibrada. Aquí podemos solucionar una gran pregunta que suelo recibir: "¿es necesario cambiar los productos de la rutina cada cierto tiempo?". La respuesta es claramente sí para conseguir adaptarla a las necesidades. La piel no se comporta igual en febrero que en agosto, ni reacciona de la misma manera con la humedad que tenemos en Asturias o el clima seco de Madrid; la elección de cosméticos apropiados, nos ayudará a equilibrarla y tener una piel sana y bonita en cualquier época del año. 

PIEL DESHIDRATADA

La deshidratación y la sensibilidad son dos estados que pueden afectar a cualquier tipo de piel de los citados al principio, es decir, una piel grasa puede estar deshidratada al igual que puede estarlo una piel seca o una mixta. 

¿Cuál es la diferencia entre una piel seca y una deshidratada? 

Son dos términos que se suelen confundir porque el aspecto de ambas suele ser similar: son pieles tirantes, con textura áspera que tiende a la descamación, los poros suelen verse alargados y hay falta de luminosidad. 

En la piel deshidratada también hay una alteración de la función barrera en la que falta agua, pero una piel no es deshidratada, solo lo está y es un proceso reversible, mientras que la sequedad no. Por eso decimos que la deshidratación es una condición de la piel y la sequedad un tipo de piel. 

Para mejorar una piel deshidratada deberemos aportar hidratación, un buen sérum o crema hidratante con Ácido Hialurónico conseguirá una gran mejoría. Mientras que, en las pieles secas, como he comentado anteriormente, necesitaremos aportar lípidos, es decir aceites y cremas nutritivas para recuperar la función barrera

PIEL SENSIBLE

La sensibilidad aparece en cualquier piel que tenga una alteración en la función barrera con pérdida de agua, menor umbral de tolerancia y mayor reactividad a cualquier estímulo tanto externo como interno. Esto no es un tipo de piel, es un estado de la piel y la sensibilidad puede ser muchos tipos y grados. Cualquier piel, en un momento dado, puede sensibilizarse y volverse reactiva. Esto puede suceder por múltiples factores como la alimentación, las hormonas, el medio ambiente o el uso de algún cosmético que haya irritado la piel. 

Suelen ser pieles “descontroladas” que se enrojecen e irritan con facilidad, cambian rápidamente de aspecto, aparece inflamación y pueden desarrollar acné. Para tratarlas lo primero será determinar cuál es la causa de la sensibilidad y revisar los productos de la rutina para que sean apropiados y estén enfocados a reducir la inflamación y mejorar su estado. 

Con este post mi intención es que no encasilléis vuestra piel a un tipo exacto de piel, si no que vayáis adaptando los productos de vuestra rutina a sus necesidades en cada momento.

Espero que os haya servido de ayuda, y os recuerdo la importancia de consultar siempre a un profesional, si tenéis alguna duda estoy como siempre a vuestra disposición.

¡Hasta el próximo post!